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sábado, 4 de abril de 2009

Crónica de un 18 de Marzo

[Comparto una crónica escrita por una amiga que estuvo en el centro del huracán durante el desalojo estudiantil del pasado 18 de marzo por parte de los mossos d' escuadra (policía catalana). De manera muy breve y general, el contexto es el siguiente: el movimiento estudiantil que había decidido, después de mucho demandar diálogo a oídos sordos, tomar (entre otros) el rectorado de la Universidad de Barcelona/los estudiantes buscaban generar presión para detenar la imposición y asunción acrítica de una reforma educativa con muchos puntos problemáticos y poco discutida/ una vez que el movimiento estaba ganando fuerza y alcanzando un buen nivel de organización, he aquí lo ocurrido a los estudiantes que pernoctaban en el rectorado, como una estrategia pacífica de presión política. La crónica está originalmente en catalán, cualquier error o infortunio en la traducción es responsabilidad mía.]

Crónica de un 18 de Marzo
Nerea Miralles Aguilar
Eran casi las 5:30 a.m. y dormía plácidamente aferrada a las sábanas, cuando de pronto un ruido me despertó, - “los mossos, los mossos!” gritaban los compañeros, yo todavía en la cama sin entender muy bien qué estaba ocurriendo, esperando cualquier señal que extirpara aquella situación de la ciencia ficción o la paranoia colectiva en que habíamos sido ahogados estos últimos días. “Tenéis dos minutos!” sentenció una voz grave al fondo del pasillo y bien pronto reconocí las botas, el casco y la porra, bien fácilmente aquel ruido contundente de los pasos masivos que se acercan y que tanto me había costado borrar de mi cabeza tras todo aquello ocurrido en la Pompeu Fabra. Eché un salto de la cama buscando alguna ropa que ponerme encima, que me tapara ante aquel extraño. “Dejáis los móviles!” gritaban, pero la oscuridad y los nervios me impedían hacer cualquier cosa que no fuera temblar. Diferentes voces iban notificándonos que nuestro tiempo se agotaba y que habíamos de ir saliendo, así que decidí coger ropa paulatinamente y marchar antes de que las advertencias se convirtieran en golpes de porra, después de todo, hay cosas que se aprenden muy rápidamente.
Saliendo de la zona donde dormíamos, los compañeros se aglutinaban sentándose en las escaleras, custodiados por decenas de mossos. Pensaba en aquel libro de Primo Levi “Si esto es un hombre” y me venían a la cabeza pequeñas imágenes que él explicaba sobre los campos de concentración. Las expresiones de mis próximos eran las de una derrota inesperada y yo, acompañada por dos mossos, cogí un lugar para esperar a saber que harían con nosotros. De golpe todos juntos decidimos hacer “arrancacebes” que es un método de resistencia pacífica donde todo el mundo se toma de pies y manos a las personas que tiene al lado para complicar el desalojo forzoso. “Llamar a los medios! Avisad a los compañeros!” Susurraban entre dientes y, a escondidas, enviábamos mensajes de ayuda.
“Quien quiera salir ahora mismo por su propio pie no tendrá ningún problema, a los que se resistan se les aplicarán vías penales?” En aquel momento la tensión se podía masticar y una persona decidió marchar, el resto (53 aprox.) nos preparamos por las consecuencias que sabíamos, tendría nuestra decisión. “Ahora quien quiera, habrá de levantarse y coger aquellos objetos personales que le sean imprescindibles, después, todo lo que se quede, pasará a ser propiedad de la universidad. “Yo tengo mi ordenador” dijo un compañero y se puso de pies, un mozo lo sujetó, “Habéis dicho que podía coger sus cosas!” replicó una compañera. Pero no obtuvimos ninguna respuesta. Entonces los mossos procedieron a hacer el primer desalojo precisamente con este compañero, él opuso resistencia mientras gritaba “mi ordenador!” y entonces tres mossos más se acercaron y le inmovilizaron, mientras lo golpeaban y le presionaban la cara con la rodilla contra el tierra. Todos mirábamos boquiabiertos y gritábamos que pararan. Hoy, este mismo compañero, tiene una fisura de rótula y múltiples contusiones, además de un mes de escayola.
Una cámara accedió al lugar, tenía un gran foco blanco que nos dificultaba la visión e iba grabando todas nuestras caras. Cuando el foco marchaba, los mossos continuaban con su trabajo, te doblaban las muñecas hasta que gritabas y te desenganchabas, te estiraban de los agujeros de la nariz... después te arrastraban de los brazos por las escaleras y a menudo, cuando perdíamos de vista a los compañeros que apartaban, escuchabas los gritos y el estomago se te hacía mármol. Cuando la cámara estaba presente, sencillamente permanecían inmóviles y silenciosos, expectantes. “Que alguien haga fotos!” murmuraban mientras los compañeros eran torturados, pero nunca han llegado a ver la luz estas instantáneas. Un hombre joven subió las escaleras, llevaba una capucha y un pañuelo que le tapaba toda la cara, solamente se le podían ver los ojos. Iba vestido de calle pero hablaba con los “cabezas” y se paseaba por todo el espacio. Sinceramente, la situación superaba todas las teorías conspiratorias que habíamos podido articular durante todas aquellas noches en el rectorado.
Dado el pánico silencioso que empezaba a respirarse alguien decidió iniciar un monólogo humorístico con el que todos reíamos e intentábamos que el miedo se nos escapara por la boca en forma de carcajada nerviosa. Una herramienta para escaparnos de aquella situación que nunca nadie imaginó vivir. Sin embargo, poco nos podía durar la risa cuando comprobamos que empezaba a amanecer y los métodos utilizados por ellos eran cada vez más duros. Cogieron a un compañero que se resistía, gritaba incesantemente y, de golpe, su voz se transformó en un ‘gemido’; efectivamente y sin acabar de creerlo, descubriremos que los mossos le estaban presionando el cuello hasta estrangularlo con el fin de que se desenganchara. Intentaba hablar y sus palabras se ahogaban en el camino, nosotros sólo sabíamos protestar desesperados y tragarnos las carcajadas que antes habían destensado tanto el ambiente.
La gente iba siendo arrastrada, cada vez éramos menos y sabíamos perfectamente cuáles eran las consecuencias para los últimos. Uno de los compañeros más parlanchines, al que nombraremos "Ricardo", uno de los que más había calmado los ánimos repitiendo que 'no nos pasaría nada', que 'no teníamos que hacer nada que nos pusiera más en riesgo del que ya estábamos' y que 'ya sólo quedaba resistir' fue guardado para el final, con mi grupo. Los mossos lo miraban y se decían cosas entre ellos al oído. Sabíamos que la cosa no iría bien, todos habíamos estado en el desalojamiento de la Pompeu Fabra la semana anterior por el encuentro de asambleas y teníamos conocimiento de hasta qué punto los mossos pueden recordarte, a ti y a tu nombre.
Escuchábamos a los compañeros afuera gritando consignas y nos habían avisado sigilosamente de que ya estaban todos los medios afuera. Bien - pensé- al menos no quedarán impunes. Más tarde que pronto llegó mi turno y una mano se puso en mi cara para impedir que respirara, poco después, viendo que no era efectivo y resultaba demasiado visual, cambiaron a la técnica de dedos en la nariz y en la boca. Estaba angustiada y gritaba para que me soltaran y en un movimiento reflejo (y digo 'movimiento reflejo' porque así fue y no me avergonzaría reconocer si por el contrario, hubiera sido intencionado) cerré la boca y mordí el dedo a uno de ellos, lo único que conseguí fue que las manos del mosso que tenía detrás me rodearan el cuello y empezaran a presionar cada vez más fuerte; yo llamaba para que mis compañeros se dieran cuenta de ello, pero no conseguía que nada saliera de mi garganta y el oxígeno se me acababa. En cuanto que me solté fui arrastrada por esos brazos escaleras abajo hasta la mitad, donde me dejaron en el rellano. Sentí muchas ganas de vomitar y las arcadas eran continuas tirada en el suelo. Un mozo plantado en mi lado me miraba a cola de ojo sin inmutarse y yo sólo acerté a pensar que éste era uno de los momentos más degradantes de mi vida. Comprendí que no podía esperar que aquellos hombres que tenía en frente se dieran cuenta de que simplemente intentaba luchar pacíficamente por una cosa en la que creía, de que no les había tocado ni un solo pelo, de que no merecía lo que me estaban haciendo. Supe pues que de nada serviría defenderemos ya que cada acción que hiciéramos sería devuelta por triplicado y qué solos quedaba "aguantar el tirón" para aceptar que la 'justicia' tiene diferentes significados según quien la aplique.
Llegado el momento bajaron a "Ricardo" y lo pusieron a un metro de mí y de otra compañera, los tres por separado. Nosotras dos estábamos sentadas pero a él lo tenían inmovilizado por los dos brazos con la cabeza en el suelo aunque en ningún momento se mostró agresivo, sencillamente se negó a marcharse al igual que el resto. "Soltadme, por favor, no me escaparé, me hacéis daño" les decía el compañero, pero nada se podía esperar de los muñecos de hierro que no hacían más que desafiar los límites de su tejido óseo. "Parad!" grité, "que no veis que no está haciendo nada? ¡Parad!”, "Calla!" - me contestó aquél que había permanecido pasivo en mi estado decadente anterior-," ¿Cómo queréis que calle? ¡Dejadlo estar y me callaré, de verdad!” entonces uno de los mossos cercanos alargó el brazo y me golpeó en la cabeza, haciendo que rebotara contra el muro. Callé.
Cuando vimos la dureza con la que trataban a Ricardo yo y la otra compañera, esperándonos lo peor, empezamos a armar escándalo para que él fuese el primero de los tres en marcharse. “¡Ricardo, no sigas delirado y no dejes que te guarden para el último, ya sabes cómo van las cosas, sal ahora!" Él coincidió con que era la mejor opción y se marchó. A continuación bajaron a la otra chica y me preguntaron nuevamente "saldrá por su propio pie, señorita?" (todavía me pregunto qué tipo de persona te arrastra por las escaleras y después te trata de Usted), "¿Tú piensas que puedo salir por mi propio pie después de lo que estáis haciendo?" - contesté - entonces me cogieron de los brazos y la camiseta con la infortuna de que ésta se levantó hasta la cabeza y como era el pijama quedé totalmente desnuda de cintura hacia arriba. En esta situación fui arrastrada durante toda la segunda parte de las escaleras, con aproximadamente 20 mossos dispersados por todas partes presenciando la escena, hasta que me dejaron tirada en el suelo y segundos después alguien me tapó nuevamente. No sé si fue aquello que acostumbran llamar "shock", sin embargo alguna cosa pasaba que me impedía incorporarme por mí misma y me dejaba totalmente inmóvil, mientras tenía grandes dificultades para creer lo que estaba ocurriendo.
Una mano me sujetó, éramos el grupo del principio, volvíamos a estar juntos. Les hice un gesto de complicidad, pero uno de ellos miraba el suelo con los ojos bien abiertos, supongo que él tampoco conseguía entender qué estaba pasando y no se trataba de forzarlo. En esta situación nos sacaron uno a uno mientras nosotros continuábamos explicándoles que esta ocupación estaba cargada de contenido y no podían seguir ignorando el motivo por el cual hacíamos resistencia pacífica. Mientras esperábamos dos mossos que continuaban a mi izquierda se recreaban "Ja, ja ... ¡verás a aquél cuando se quede sólo, va a pillar!" Y reían nuevamente. Me disponía a decirles alguna cosa cuando la compañera me tranquilizó: "lo hacen simplemente para provocar... no les hagas caso", así que asentí y les di la espalda para no ver más sus gestos y su fanfarronería.
Cuando fui la última, me quedé en silencio preguntándome si merecía la pena intentar razonar con ellos o descargar mi rabia ahora que ya no estaba ningún compañero para frenarme. Pero, entonces el "jefe" empezó a decir alguna cosa y todos miraron hacia el fondo quitándome la vigilancia, situación que el mozo que estaba detrás de mí, el provocador, aprovechó para encarrilarse y engancharme una patada en la espalda que yo respondí gritando como una poseída. El resto de mossos que no habían presenciado la escena se giraron alarmados por mis gritos y entonces me pusieron la mano en la cara nuevamente, para intentar dificultarme la respiración mientras me presionaban aquello que ellos llaman "puntos de dolor", aquéllos que no dejan marca. Me sujetaron entre dos y me llevaron, finalmente, a tomarme los datos. Intentaba sacar la documentación, pero me temblaban las manos y lloraba; eso todavía me hacía sentir más estúpida. Entonces la "persona" que había estado toda la noche al otra lado del mostrador, ajeno a todo aquello ocurrido 10 metros más allá, mirando mi DNI aprovechó para consolarme: "Vamos Nerea, no llores..." a lo que yo, con mucha educación le contesté mientras los dos mossos me sujetaban forzándome la muñeca: "Si tú estuvieras en esta situación, no llorarías? ". Bajó la mirada, ya no sé si por empatía o por indiferencia absoluta, la cuestión es que poco me importó en aquel momento, y entonces mis "acompañantes" pidieron refuerzos para sacarme fuera mientras yo llevaba la cuenta regresiva de lo que quedaba para que mi muñeca se luxara definitivamente. Así fue que salí, momento que "La Vanguardia" aprovechó para congelar en píxeles, dejándome toda una semana en la que nadie a mi alrededor ha podido hablar de otra cosa.
Y yo me pregunto, cuando la gente comenta y condena duramente el hecho de "echarnos" como una traición al diálogo y el estilo democrático, qué pasaría si hubiesen estado adentro con nosotros. Si ahora no pudieran abrazar a sus compañeros porque todos están llenos de contusiones. Si te hubieran estrangulado, golpeado y arrastrado semi-desnudada por unas escaleras; dónde quedaría entonces 'bolonya' y 'la lucha por la universidad pública'. Dónde quedarían los señores Dídac Ramírez, Josep Joan Moreso, Lluís Ferrer y su decisión de borrar a los "anti-bolonya".
Resulta inevitable sentirse incómoda con este carácter ‘victimista’ que impregna la narración de los hechos y estos últimos días de mi vida, sentirse incómoda cuando pienso y sé que nunca seré capaz de “demostrar” el ocurrido, ni una imagen, ni un número de placa; que nunca mi palabra valdrá más que la de un mosso d'esquadra utilizado por el Estado.
Hoy el señor Saura admitía posibles "errores" y yo hago un llamamiento a cuestionarnos si puede ser la agresión un error cuando hablamos de una lógica represiva, y si no es que el grado de violencia está en función del deseo con que se anhele el objetivo. Y ya que reconoce un posible "exceso" de contundencia por parte de sus agentes ¿Para qué continúan llevando pistola? ¿A qué estamos esperando?, ¿Qué significa que los sindicatos de Mossos no comparten esta condena? Señor Dídac y señor Ferrer ¿Dónde está la línea roja de los mossos?
Por otro lado no me queda sino estar agradecida de haber descubierto que somos muchos los que creemos en que otra educación es posible, una verdadera revolución pedagógica, una educación crítica, donde se formen profesionales, pero también pensadores. Donde el conocimiento sea una herramienta para la evolución social y personal, y no para el interés de una minoría directiva-empresarial. Donde las personas ganen herramientas y recursos, no dogmas, ni automatismos, ni mecanismos de actuación incuestionables. Donde entrenarse únicamente para ser laboralmente efectivo sea, sencillamente, una opción más a elegir, de entre tantas otras.
En último lugar, quisiera invitar, invitaros, invitarnos a no hacer una lectura fácil, una lectura puntual de los hechos ocurridos los últimos días, ya que ha llegado el momento de posicionarse y aceptar que estos incidentes no son más que el fruto de muchos años en que la expansión del pensamiento acrítico, la precarización laboral y el malestar colectivo han producido la creación de nuestro propio archipiélago social donde todo se demasiado lejano y nada es lo suficientemente 'importante'. Os pido entonces vuestra colaboración para que las personas responsables del estrés psicológico que todavía nos impide dormir con normalidad, asuman la responsabilidad de sus actos.

sábado, 26 de abril de 2008

Galeano y las ventanas

Con Ernesto y Fidel

-Es como saludar a un viejo amigo -le dije, mientras estrechábamos manos. Una breve sonrisa de sabio colmilludo le surcó el rostro, como rumiando para sus adentros: “otro más de este lado”. Me presenté y algo hablamos sobre mi nombre. Luego firmó el libro y posó para la foto: todo el ritual semiótico-digital de encuentro con un gurú de la era post-modernamente enloquecida, de los mundos al revés.

-A nosotros nos gusta acompañar las palabras con cuerdas y cueros tensados -expliqué, mientras le extendía Luz en las Ventanas. Ese nosotros escondía un revoltijo de andaduras, canciones y palabras compartidas donde él mismo había participado desde la distancia.

-¡Un regalo! -clavó sus ojos en los colores de la superficie. Agradeció el disco con humildad de campesino que recoge lo que ha brotado de la tierra.

Charlamos sobre México, sobre los dolores que le habían confinado al reposo durante todo el año anterior, sobre su reciente y feliz retorno a los senderos. Cuando me alejé, un remolino de personas empezaba formarse en torno suyo, en las manos cargaban libros como pequeñas bestias que iban a ser signadas.

viernes, 7 de marzo de 2008

Unipolicial, Multicapital




La historia de las incursiones policiales y militares en las universidades es siempre escabrosa. De todos los enfrentamientos absurdos, el de los estudiantes contra la fuerzas de seguridad del Estado resulta especialmente escalofriante si ponemos atención a los papeles socioculturales que se adjudican a la figura estudiantil y a “las fuerzas del orden”. Cuando se enfrentan universitarios y policías, cuando se vuelve posible entrar a fuerza de golpes en las aulas y echar del recinto educativo -con el argumento de las macanas- a quienes lo construyen y habitan, entonces es evidente que algo no anda bien, que algo se está pudriendo en el centro y que la peste empieza a llegar a las alrededores. Como estudiantes, profesores y universitarios, como ciudadanos que confían en la educación como cauce de desarrollo y transformación social, es aterrador presenciar la irrupción de la amenaza violenta en el ámbito de la palabra. Una sociedad que ataca y reprime sus espacios de pensamiento y creación es una sociedad descompuesta.
En mi travesía universitaria, nunca me había tocado estar tan cerca de la zona de guerra. El pasado miércoles 5 de marzo, un grupo de policías antimotines irrumpieron en la Facultad de Filosofía y letras de la UAB para desalojar con lujo de violencia a un grupo de estudiantes que se manifestaba en contra del Plan Bolonya –una reforma educativa que tiende a la privatización de la Educación Pública. A partir de dicha intervención, la respuesta universitaria ha crecido y ha ganado vigor en su lucha. Evidentemente, hay un cerco informativo que desprecia este proceso. He aquí algunos nichos de resistencia:








domingo, 24 de febrero de 2008

Aquí nadie se va a ningún lugar: reacción impulsiva a la barbarie mediática

Llueve otra vez. Una lluvia terca y una niebla densa cubren las montañas que el tren debe cruzar para llevarme a la Universidad. Llueve también detrás de mis frontales. En vez de ser miércoles en mi cabeza, es sólo la in-certeza. Ayer se supo que Fidel había dimitido a su posibilidad de reelección como presidente del consejo de estado y comandante en jefe. Es como si recibiera una noticia de un viejo pariente, de una sombra gorda de mi pasado. Ahora que estoy lejos de casa, Cuba se intuye como una parte de esa casa, como un espacio habitado por íntimos fantasmas. Quizá este asunto me toca en lo hondo por los múltiples vínculos que me enlazan a Cuba y a su Revolución. La primera vez que visité la isla llegué con 20 años bien dispuestos para desbaratar el mundo, para iniciar de nuevo la revuelta, para nutrirme de las consignas de los mártires y de los sacrificios del pueblo. Cuba me desbordó con su algarabía y su misterio y su creatividad y su ambivalencia y su riqueza y su pobreza y su complejidad. Cuando regresé casi 10 años más tarde, hecho otro, las enseñanzas fueron aún más complejas y más abundantes en fantasía y en madurez. Pero Cuba no es sólo los amigos que hice ahí, los proyectos que desarrollé. Desde siempre, Cuba ha envuelto mi cuna. He crecido con su historia, su ejemplo político, su música, su literatura, su cultura… su Revolución en mi casa, en mi recámara.

***

Desde su debut, la noticia ha sido la estrella mediática. Se ha liberado una palabrería copiosa que pretende desvelar los justos futuros de la pobrecita gente cubana, que pretende augurar y celebrar un devenir mejor, un “progreso político” para la isla. Pero, ¿con cuánta bruma en la boca somos capaces de articular la palabra libertad? ¿Con qué liviandad hacemos bromas del tipo “Fidel colgó las botas” o enunciamos frases como “Los cubanos se liberan del comandante” y “Estados Unidos ayudará a los cubanos a obtener las bendiciones de la libertad”? ¿Con cuánta ignorancia, con cuánta indiferencia histórica juzgamos a un pueblo y a un líder político que han resistido los embates del hoyo negro capitalista? Se necesita mucho olvido, copiosos atascones de discurso mediático baratamente parcial. Quiero decir, que lo que indigna en todo caso es la liviandad, la prontitud bruta con la que estamos dispuestos a juzgar, la acrítica mirada que nos conduce a las posturas fáciles y ramplonas. Esta actitud insulsa y superficial es quizá el olvido de una utopía, es la renuncia a un sueño. Este cinismo histórico no sólo tiene como blanco a la Revolución cubana, sino a toda una idea del mundo, a un anhelo con el que fuimos nutridos muchos de mi generación, con el que nos amamantaron y nos criaron y que, además, costó la vida y la sangre de muchas y muchos en innumerables latitudes.

***

No pretendo con estas palabras arrebatadas defender nada, ni criticar las críticas, ni redimir a nadie -al menos por ahora-. Sólo me parece que hay mucho de petulancia cuando juzgamos de un sopetón algo que es muy complejo, muy largo, muy grande y muy discutible. Estos no son vítores acríticos a la gloria de ningún modelo o figura. Pero en cualquier caso, Cuba pone una gran cuestión sobre la mesa de discusión del mundo: la idea encarnada de que hay otras formas de vivir en sociedad, de que hay otra maneras de organizarnos, de concebir la cultura, la educación, la dignidad, las relaciones, el dinero. Podemos debatir ampliamente si estas concepciones nos gustan o no, o si se adecúan a los contextos particulares de cada región, pero en definitiva rompen la ilusión de que las cosas sólo pueden ser como son en las sociedades capitalistas post-industriales mega-consumistas hiper-liberales e individualistas que nos acaparan todos los horizontes de visión. Más que en cualquier consigan política, la radicalidad del ejemplo cubano consiste en demostrar que las cosas pueden hacerse de otra manera y que por ello el mundo no se acabará, y en elaborar semejante experimento de autonomía y autoconstrucción al ladito del gran monstruo de la normalización y la coerción. Pero henos aquí en la prensa, dando brincos, cobijados con mantas que unen las banderas cubana y estadounidense ¿En qué mundo vivimos para que dicho olvido emerga con tanta facilidad? ¿Será que el mundo no es capaz ya de imaginar otras formas de vivir, ajenas a la especulación bancaria, a los McDonalds, a la propiedad privada de todo lo que sustenta lo colectivo, al estado disminuido de capacidades y responsabilidades? ¿Será que ahora nos cuesta concebir un estado que eduque, un sistema de salud hecho desde todas y para todas las personas? ¿Es que nos parece tan absurdo el intercambio de bienes al márgen del libre mercado? ¿Es que no podemos intuir que para defender la diferencia haya que hacer uso de estrategias políticas diferentes a las de las “democracias occidentales modernas” que, dicho sea de paso, sólo han podido demostrar su fracaso en la gestión de los asuntos colectivos más básicos como la salud y la educación?

***

¿Será que Cuba está sola en su sueño, que se nos acabó la posibilidad de imaginar una Cuba en el mundo? Desde donde hablo, debo decir que llevo la carne utópica cubana en las entrañas y que está presta para usarse como cobija y como herramienta y como arma. Sé que la revolución no se hará ya de la misma forma, ya no consistirá en combatir desde la sierra y en ganar terreno andando y disparando. El mundo que enfrentamos ahora es diferente y el enemigo también. Por consiguiente, la táctica y la estrategia también deberán ser radicalmente diferentes. Como reza la canción, la vida nueva es como un verso al revés, como amor por descifrar, como un dios en edad de jugar. Pero el árbol se conoce por sus frutos y por su capacidad de adaptarse a las ácidas condiciones del nuevo entorno, a pesar del cinismo decadente de la imposibilidad soñadora.

viernes, 15 de febrero de 2008

Carta a mi familia

Escribir por metro cuadrado. Jugar al texto con cronómetro. Los encargos escolares nos trajeron, a unos aguerridos compañeros y a yo, con el agua hasta el cuello por algunas semanas. Lectura monotemática. Escritura monolítica. Fechas. Dientes. Bibliotecas. Ojeras. Agenda. Sueños. Sinónimos. Extrañaba sentarme como ahora a escribir sin ton ni son. Sin algoritmo argumental mínimamente convincente. Sin fecha de cierre para la entrega. Hacer de cronista, sin embargo, me ha costado más de lo que esperaba. A lo mejor porque, como pasa cuando cambias de idioma, la ranura entre los nuevos y los viejos lenguajes te va dejando mudo. El caso es que no sé como ordenar las palabas para no soltar malcriadamente una romería de desparpajos histriónicos. Uno realmente quiere contar por dónde anda, pero no es tan grato cuando la mayoría de las aventuras, si es que alguna y por ahora, involucran horas-nalga. Paradoja ubicua: el exprimidor de palabras de reciente adquisición nos ha costado la solvencia comunicativa. Por fortuna, hay unos que tienen la gracia de hablar por ellos con palabras de todos. Y hay también la fortuna de tenerlos cerca. La carta que reproduzco a continuación pudo, de alguna forma, ser escrita por cualquiera de las/os compañeras/os porque narra un núcleo de sentires comunes y cotidianos para quienes nos tocó esto. De otra forma, la carta sólo pudo haber sido escrita por quien la escribió, Fernando Zarco con el ingenio corrosivo y certero que aún en tiempos de maremoto atinaba a todos su blancos. Ahí va pué. De aquí pallá.


Barcelona, España. Enero de 2008.
Querida familia:

Les escribo hasta ahora porque había estado muy ocupado, entre los procesos de integración1 que he tenido que afrontar en pos de una adaptación al medio en el que actualmente me desenvuelvo. Cabe mencionar que esto ha implicado una resignificación en mi subjetividad2 y, por supuesto en los vínculos con los otros – y con los Otros-, ya sean reales o ficticios. Afortunadamente ya se inventó la performatividad3, así que ya no me sabe tan mal cambiar a mis anchas.
Parte de este proceso tiene mucho que ver con mi filogénesis, así que, aunque no hemos estado físicamente juntos, no puedo negar que mi construcción intersubjetiva está enmarcada en un contexto histórico-político-social
456, lo cual los involucra a ustedes, a mis antiguos amigos y a mi país entero.
Me parece que estoy logrando adaptarme, dado que mi afectividad
7 se ha visto favorecida con el enriquecimiento de múltiples lazos íntimos que me permite fortalecer una reflexión constante de autocrítica tanto epistemológica como ontológica8.
Dicen mis amig@s
9 que estoy cambiando en mi forma de hablar, la verdad es que yo no me he enterado, a ver, sí que me siento diferente, pero yo es que hablo igual, que no me jodan.
El máster en psicología social muy bien, estoy aprendiendo a escribir correctamente y a redactar una idea de diez palabras en siete mil o diez mil. También he aprendido a producir ideas en serie, atraparlas, encapsularlas, escribirlas, rotularlas y, a veces al instante siguiente, desecharlas. Dicen que esto es cada véz más útil en estos tiempos
10, lo bueno que existe tecnología para hacer las cosas más rápido y más veces, para así poder luego hacer más cosas, cada vez más rápido y más veces, y así sucesivamente... todo ello gracias a que ya estamos en la posmodernidad11, ¡qué bueno!
La investigación que estoy haciendo me gusta mucho. Es sobre minorías raciales
12. Es un tema muy guay y que además está de moda. Además es muy útil para ayudar a la pobre gente que no se puede adaptar fácilmente a la sociedad porque habla un dialecto desconocido o porque no sabe cómo usar las cosas que hay aquí porque vienen de países subdesarrollados13.
En lo que respecta a España, es un país muy bonito. Los españoles son gente muy devota, yo diría que incluso místicos, casi en todos lados ven la ostia. Además son gente muy sana y de muy buena digestión porque de todo se están cagando. Les gustan mucho los animales, por todas partes tienen dibujos de toros, pero aquí en Barcelona son tan inclusivos que también utilizan imágenes de burros. También son muy generosos, en donde quiera hay anuncios haciendo publicidad de la ayuda que dan a países del tercer mundo
14.
Por otro lado, me he dado cuenta de que tenía muchas ideas equivocadas de este país, por ejemplo, los gallegos son muy listos y los vascos no cargan con bombas a todos lados, ¡ah! y no todos los españoles se llaman Venancio.
Estoy aprendiendo a hablar español
15 apropiadamente. Lo que me cuesta trabajo es la pronunciación de algunas expresiones, como exhalar aire por la boca haciendo vibrar los labios para decir lo que no puedo decir, o hacer un chasquido con la lengua y el paladar para indicar que no sé que decir pero que voy a decir algo. Ya lo iré perfeccionando con el tiempo.
Bueno, tengo que irme a terminar mi tarea. Estamos en fin de semestre y tengo que apresurarme a escribir mucho, a razón de unas 5 palabras por minuto, sin levantarme de la silla. Pero estoy muy bien, aunque no sé por qué a veces se me duermen los dedos de las manos, me duele un poco la cabeza, la espalda y hasta el culo. Quizá se debe a los cambios climáticos.
Bueno, les mando muchos besos y abrazos,
su hijo, hermano y/o pariente.

P.D. Este párrafo no dice nada, sólo que quería que el total de palabras fuese mayor, así podrán hacer una evaluación de lo que siento por ustedes en función de la cantidad de palabras que les escribo.
1Tajfel, H. (1981) Human groups and Social Categories. Studies in Social Psychology. Cambridge: Cambridge University Press
2Montero, M. (coord.) Construcción y crítica de la psicología social. Barcelona: Anthropos
3Butler, J. (1999) El género en disputa. Buenos Aires: Paidós
4Se hace alusión al carácter relacional del emisor.
5Ibáñez, T. (1994) Psicología social construccionista. México: Universidad de Guadalajara
6El que pueda leer esta línea no necesita lentes.
7Fernández, P. (1994) La psicología colectiva, un fin de siglo más tarde. Barcelona: Anthropos. México: El Colegio de Michoacán
8Denman, C. y Haro, J. (comp.) Por los rincones: antología de métodos cualitativos en la investigación social. México: El Colegio de Sonora
9No es correo electrónico, significa amigos y amigas.
10“El tiempo es una mentada”. Paco.
11Lytoard, J. F. (1998) La condición postmoderna. Madrid: Cátedra
12Moscovici, S. (1979) Psychologie des minorités actives. Francia: University Presses of France.
13www.bancomundial.org, www.imf.org/external/spanish/index.htm
14Idem
15www.rae.es

sábado, 24 de noviembre de 2007

El poder del discurso I


La ilusión de los las opciones terminantes

Yo vivo a unas cinco cuadras de la Torre Agbar. Es una especie de enrome pene erecto con una estilización y unos colores que de noche lucen como bordado lumínico que hace las veces de preludio urbano al paisaje del mar. Allí, presuntamente, operan empresas que tienen intereses financieros y comerciales en los suelos y en las aguas sudamericanas. Justamente a este tipo de empresas hicieron referencia los presidentes latinoamericanos en la Cumbre Iberoamericana. No es novedad que los países industrializados han saqueado sistemáticamente los recursos de los países más pobres. No es novedad que esto sigue sucediendo, con mayor o menor resistencia. Quizá lo menos trascendente de este encuentro haya sido el exabrupto del rey. Quiero decir que me parece cuando mucho gracioso escuchar la bronca infantil de una figura heredera de una tradición rancia y agonizante cuyos vestigios quedan cada vez más en forma de ornato. Eso sí: resulta una perlita que los poderes mediáticos pulen a través de la repetición compulsiva de una escena de 30 segundos y los consecuentes discursos en torno a ésta. Éstos precisamente, los discursos vertidos, son los que dan cuenta del verdadero problema subyacente. Los discursos tienen la facultad de hacer (a)parecer el magma de los eventos como realidades definidas, como situaciones claras y sencillas, con contornos bien delimitados, que dividen entre los políticamente correctos y lo incorrectos, entre el populismo y el imperialismo yanqui, el capitalismo y el socialismo. Los discursos son el campo predeterminado e hiper-fertilizado donde se espera que echemos raíces y tomemos una posición (que nos es dada). Cada discurso es tan arbitrario como el significado de una palabra y al mismo tiempo es un contenedor de posibilidades para que cristalicen proyectos, identidades, posturas que configuran la realidad en que nos movemos. Aquí reside el poder de la palabra como arma de manipulación y también de emancipación. Los discursos construyen, reproducen, transforman. Ante la imposibilidad de prescindir de ellos, nos queda el recurso de la criticidad. Por eso que no nos vengan con cuentos de que esto es (sólo) de este modo o del otro. Cuando las cosas se polarizan, pareciera que todos los matices y las figuras más complejas o divergentes para abordar el asunto no tuvieran posibilidad de existencia. Y entonces nos cooptan un mundo de alternativas y de acciones. Cuando Bush se disponía a emprender su cruzada contra el terrorismo dijo bien claro al mundo y a los pueblos: “están con nosotros o están con ellos”. Como si no hubiera un cosmos de posibilidades, de posturas, de discursos, fuera de esa dicotomía castrante. Esta polarización discursiva es la que caracterizó las reacciones que pude observar ante el debate suscitado en la Cumbre. Cada uno con su banderita, bien fajado, con “la camiseta bien puesta”. El sup escribió alguna vez que cualquier opción terminante es una trampa. En mi caso, resulta evidente que estamos atrapados en medio del fuego cruzado entre posturas totalizadoras que, entre cosas, cojean de varios lados. O ¿tú qué opinas?
Mientras tanto, dejo un par de vínculos donde se encuentran otras miradas sobre lo ocurrido, Al menos con diferentes lógicas de edición y opinión. Aquí también se observan planos de discurso que dan mucha tela pa cortar.
�Qui�n fue el responsable del incidente entre Ch�vez y el Rey de Espa�a? Duraci�n: 13:23 http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=2625&Itemid=86
Ch�vez: �Qu� sabe el rey Juan Carlos sobre el golpe en Venezuela? Duraci�n: 1,00,23 http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=2626&Itemid=86

jueves, 15 de noviembre de 2007

Fotografía deportiva

La algarada comienza a sentirse horas antes del partido. La gente por la calle como en torno a un hormiguero enloquecido. No se sabe bien si huyen de algo o van a su encuentro. Entrando y saliendo de bares. Individuos gritan desde los balcones consignas indescifrables. Banderas y caras pintadas. Una mujer que camina por Laietana, en respuesta a la vociferación balompédica exaltada de alguno, presagia: esto ya empezó. Y apura el paso. El metro lleno de escoceses, de cerveza derramada. La palabra hooligans anda las calles. La reventa de boletos ya desbordó cualquier tipo de control. Para el encuentro del Barça con el Glasgow Rangers acudieron cerca de 16 mil escoceses, 10 mil de ellos sin posibilidad de conseguir un boleto de entrada. La ciudad entera con los ojos alertas. El saldo: Barça 2, Rangers 0. Cuarenta mil litros de cerveza consumidos –media ciudad literalmente vaciada-. Narices ensangrentadas, camarógrafo golpeado, vagones de metro tomados por la euforia de los coros y los saltos. Cuatro toneladas de desperdicios sólo en Plaza Catalunya. La Champions. El fútbol. Un periódico hace el recuento: “Dos días de pesadilla”. En la foto, unos aficionados agitan banderas británicas con sombrero de charro.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Unas Coordenadas


La convalecencia es un buen lugar para empezar a escribir. He pasado por una temporada de bloqueo que me ha impedido escribir con la fluidez con que me proponía, o mejor dicho, que me ha impedido escribir en lo absoluto. Tengo deudas de palabras e historias que a estas alturas arrastran consigo intereses exorbitantes. El bloqueo se debía, en parte, a la vorágine de asuntos que debían ser resueltos y proyectos que debían ser emprendidos en un periodo de inmediatez, en mitad de un lugar desconocido y ajeno. Al interior de los círculos afectados hablamos de una “sobre-estimulación paralizante”. Una buena dosis de trabajo académico y otro tanto de gestiones adapatativas me tuvieron haciendo malabares hasta hace algunos días que se colapsó el circuito y terminé en la sala de emergencias, en algún momento de la madrugada, y un revoltijo de carne con madera colgado en la boca del lobo del estómago. Unas horas más tarde todavía me presenté a la escuela para concluir una actividad a mi cargo. Hoy no me queda más remedio que quedarme en casa, conocer la insospechada tranquilidad de una mañana como ésta, remendar el circuito roto y escribir lo que se pueda y como se pueda. Disculpa, pues, que sea tan anecdótico, pero para salir de los pantanos silenciosos hay que echar mano de cualquier cuerda.
Sumadas a esta retahíla de falsas tragedias están algunas consideraciones de orden metanarrativo que atravesarán lo que se diga y que sin duda son influencia de la meticulosidad discursiva y teórica que ha caracterizado a l@s europe@s en el desarrollo de las ciencias humanas y sociales, y a la que se entregan con un placer voluptuoso similar al de las pasiones culinarias. El primer asunto se refiere a la tensión entre “lo público” y “lo privado” como categorías institucionalizadas e institucionalizantes, que prescriben cuales son las cosas que han de decirse o no, qué debe o no publicarse y en qué medios y bajo qué matices y recursos estilísticos. En pocas palabras, partir de una (determinada) distinción entre lo público y lo privado implica sujetarse a un orden previamente negociado que abre unas posibilidades narrativas y cierra otras. Discutir esto aquí y así, por ejemplo, puede parecerte un poco absurdo o innecesario o cuando menos chistoso. Lo cierto que esta idea hacía su ronda y hoy, a esta hora, camino con las epistemologías post-modernas que apuestan a que hacer una distinción “real sustantiva” al interior de la dicotomía en cuestión resulta un armatoste estorboso para aproximarse al mundo y para contarlo. ¿Se escribe entonces en una posición indefinida entre lo uno y lo otro, o desde la noción de que estas categorías son esencialmente cambiantes? Esto acaso confiere algo bizarro o inteligible a la mirada y al texto.
Otro asunto que contribuyó al bloqueo fue la duda viral que acompaña siempre en el trayecto que va de la evocación de la experiencia a la elección de las palabras. Ya sé que apelar a esta noción resulta hasta vulgar, pero podrás entenderme mejor que nadie. Cómo se puede contar lo que sentirás o sentiste la primera vez que entraste o entrarás en el Mercat de la Boqueria y se viene encima una avalancha de olores de guisos y especias de todos los confines, los crustáceos tenebrosos a un paso de saltarte encima, y los colores de los vegetales, las carnes, las semillas que forman patrones psicodélicos espontáneos y el bullicio y la música y los sabores asentados en el paladar y las narinas que filtran todo eso en una especie mosaico extravagante de comidas y símbolos multilatitudinales. O cómo se puede relatar una caminata y una comilona en el mercado principal de San Cristóbal o un tren que pasa (porque realmente pasa) bordeando un estadio sumido en la noche con miles de personas apretujadas que tuvimos como telón de fondo el riff que inaugura The Wall. O mirar las inmensas cataratas del Niágara vertiendo agua revolcada que si no fuese por la inercia de la corriente estaría convertida en hielo y la nieve que lo pinta todo de blanco alrededor. O lo que se puede vislumbrar cuando uno camina en el cerro, hacia o desde los campos habitados por las vacas. O lo que se intuye, apenas se intuye con la piel, cuando en la madrugada, tumbados. Escribir determina aquello de lo que se escribe, lo encierra en la cápsula de la palabra y la narración, y entonces esa ola de sensaciones y ánimos queda fija como un retrato que, inevitablemente, incluye unas cosas y no otras y describe el panorama desde una mira nomás. Escribir es también una renuncia. Un buen día podré despertar desconociendo mis palabras. O el significado se me va a amotinar y va dejar hueca la nave. Qué ganas de escribir desde el ojo de dios.
De manera que la forma que encontré de romper con el silencio, fue a través de un relato que no cuenta nada. Que apenas esboza unas coordenadas borrosas desde donde se mira o se escribe (si es que no son, en principio, la misma cosa), unas coordenadas que serán otras mañana. Corre cámara, pues.